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La recaudación cae ocho meses seguidos: el IVA y los combustibles ganan peso mientras se alivian impuestos a la riqueza

Un informe privado revela que los ingresos del Estado acumulan ocho meses de retroceso, pero la carga impositiva se redistribuye de manera desigual: crecen los tributos al consumo y al trabajo, mientras caen los que gravan la riqueza.

Los ingresos del Estado acumulan ocho meses de retroceso, pero no todos los impuestos caen por igual. Mientras se alivia la carga sobre los sectores más concentrados, crece el peso de los tributos al consumo y al trabajo. La recaudación no solo cae, también se vuelve más desigual.

En un contexto de retroceso sostenido de los ingresos públicos, el sistema tributario argentino está profundizando un sesgo regresivo. Así lo reflejó un informe privado que destacó que no se trata únicamente de cuánto recauda el Estado, sino de quiénes sostienen ese esfuerzo.

Un ejemplo concreto: mientras Bienes Personales (el impuesto a los que mayor riqueza acumulan) cayó un 81% respecto a 2023, el IVA al consumo ya explica la mitad de todo lo que recauda el país. En ese escenario, queda en evidencia también el deterioro del mercado laboral, con la pérdida de más de 240.000 puestos registrados y la suba de la cantidad de monotributistas (+150.000 en la gestión de Javier Milei).

El retroceso de la recaudación tiene efectos directos. Menos ingresos implican menor capacidad del Estado para financiar hospitales, escuelas y servicios públicos esenciales. También impacta sobre las provincias, cuyos recursos dependen en gran medida de la coparticipación, tensionando el federalismo y las economías regionales.

En marzo pasado la recaudación nacional registró una fuerte caída. Según los datos oficiales se contrajo 7% real (considerando el efecto de la inflación) en el primer trimestre del año (-9,4% frente a 2023). De ese modo el indicador anotó ocho meses consecutivos de caída, dando cuenta de un deterioro estructural. De hecho, el acumulado del primer trimestre fue el más bajo desde 2010.

Sin embargo, el comportamiento de los distintos tributos muestra que no todos están siendo afectados por igual. “El Estado no está dejando de cobrarle a todos por igual. Hay un modelo que elige beneficiar a ciertos sectores mientras ajusta a otros”, advirtió un informe del Espacio de Trabajo Fiscal para la Equidad (ETFE).

En detalle, por un lado, los impuestos con mayor potencial redistributivo muestran fuertes retrocesos. El caso más extremo es Bienes Personales que cayó un 81% respecto a 2023. Este tributo -el principal impuesto a la riqueza en Argentina- se modificó con los cambios introducidos en el Paquete Fiscal de 2024 que, principalmente, redujeron su peso y beneficiaron directamente a los sectores de mayor patrimonio (implicó un alivio significativo para el 1% de la población más rica del país). En consecuencia, su participación en la recaudación nacional pasó de representar casi el 1,5% en el primer trimestre de 2023 a apenas el 0,3% en igual período de 2026. Cabe recordar, además, el Régimen Especial de Bienes Personales (REBP) que otorgó beneficios y estabilidad fiscal hasta 2038 a quienes optaron por adelantar el pago del tributo e implica una reducción de la recaudación en los próximos años.

Algo similar ocurre con los Derechos de Exportación. La recaudación por retenciones se desplomó un 38% interanual en el primer trimestre, incluso en un contexto de exportaciones agroindustriales en niveles elevados. La reducción de alícuotas para productos como soja, trigo y maíz explicó buena parte de esta caída.

En paralelo, los tributos vinculados al consumo ganan protagonismo. El IVA se consolida como el principal sostén del sistema y ya explica cerca de la mitad de la recaudación nacional. A esto se suma el aumento del impuesto a los combustibles (recae en los consumidores y no en las empresas) que creció un 18% interanual, impulsado por la actualización de un gravamen que había quedado rezagado.

Un dato no menor y que refleja la mayor regresividad del sistema tiene que ver con el crecimiento del monotributo dentro de la recaudación total, cuya participación se duplicó en el último año, pasando del 0,4% al 0,8%. Este incremento respondió, por un lado, al deterioro del empleo asalariado y al avance de formas de trabajo más precarias. Por otro, a los cambios introducidos en el esquema.

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