En una votación muy ajustada, este miércoles 21 los legisladores de la Unión Europea (UE) votaron en Estrasburgo a favor de remitir al Tribunal de Justicia (TJUE) la decisión de determinar si el acuerdo entre la UE y el Mercosur es compatible con su legislación.
Así, por 334 votos a favor y 324 en contra, prácticamente se congeló el proceso de ratificación del acuerdo comercial. Esta decisión llega apenas 4 días después de la firma el pasado sábado 17 de enero en Asunción de Paraguay. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea estima que este tipo de dictámenes suelen demorarse entre 18 y 24 meses.
No obstante, hasta que esté el veredicto la Comisión Europea podría continuar con su aplicación provisional de la parte comercial si al menos un país del Mercosur completa su proceso de adopción.
Esto es así porque se firmaron dos tipos de acuerdos. Uno más ágil (aunque no fácil), ya que su ratificación sólo requiere del Parlamento Europeo, que remite exclusivamente a los aspectos comerciales (acuerdo interino comercial, o ACI). Esto se sustenta que que legalmente la política comercial es una competencia exclusiva de la Unión Europea. Este acuerdo es el que fue enviado a la Justicia, precisamente por dicho Parlamento.
Otro es el acuerdo de asociación (EMPA), de carácter integral (de cooperación, político y comercial). En este caso, su ratificación se presenta más compleja, ya que incluye disposiciones políticas que obligan a su aprobación por los Parlamentos nacionales de los veintisiete Estados miembros. Solamente entrará en vigor plenamente una vez que todos los Estados miembros de la UE y los países del Mercosur hayan completado sus respectivos procesos de ratificación, momento en que reemplazará al acuerdo comercial interino.
Cuáles fueron los puntos más cuestionados por los eurodiputados
La mayor presión por «aplazar» el acuerdo y enviarlo al Tribunal de Justicia provino de los eurodiputados de Francia, Rumania, Polonia y Grecia, que junto con votos de distintas alas políticas, terminaron imponiéndose en una votación muy ajustada. «Por nuestros agricultores, el medio ambiente y la salud pública», señalaron muchos diputados europeos que festejaban el resultado de la votación.
Por su parte, liderando el frente del «no» al aplazamiento, derrotado en la Cámara, se encontraban los eurodiputados de Italia, Alemania y España, donde la mayoría de las delegaciones nacionales se opusieron al aplazamiento del acuerdo. Quienes defendieron el acuerdo dejaron de manifiesto el trasfondo de las tensiones entre Europa y Estados Unidos, y las presiones arancelarias de Trump. Plantean que el acuerdo con Mercosur «aportaría al PIB europeo un impulso que duplicaría el valor del impacto negativo de los aranceles anunciados por Trump contra el bloque» y que «el acuerdo con Mercosur debe ser la respuesta a las acciones de Estados Unidos», destacando la necesidad de “abrir espacios de entendimiento con otras regiones del mundo que compartan la visión multilateralista” de la Unión Europea.
Uno de los aspectos que se solicitará aclarar al Tribunal de Luxemburgo es el «mecanismo de reequilibrio», que permite a los países de Mercosur impugnar la legislación europea que consideren perjudicial para sus exportaciones. Esto, fundamentan quienes se oponen, podría contradecir la autonomía reguladora y los Tratados de la UE.
También se cuestionan los poderes que tuvo la Comisión Europea para dividir el acuerdo en dos partes – una política y de cooperación, y otra comercial -, ya que consideran que esta estrategia facilitó la firma, dado que la parte comercial solo requiere ratificación europea para entrar en vigor provisionalmente.
Desde el lado del Mercosur también hay cláusulas en sentido opuesto, aunque lógicamente no son las que interesaron en la discusión europea. Por ejemplo, una cláusula del acuerdo le da a los países europeos la posibilidad de frenar el ingreso de los granos argentinos. Con el objetivo de impedir un desembarco masivo de productos provenientes del Mercosur, el acuerdo contempla una serie de salvaguardias que se activarían en dos casos: si hubiera un ingreso muy superior de granos, o cuando sus valores fueran muy competitivos contra los europeos. Allí, el bloque europeo puede congelar los beneficios arancelarios hasta que se resolviera la situación. Esto comenzó a poner el grito en el cielo de los abanderados del acuerdo hasta ahora: los sojeros y ganaderos del Mercosur.
Claves del acuerdo
- Los impulsores del acuerdo mencionan que se abarca «un mercado de 720 millones de personas» y un incremento del comercio interregional debido a la reducción de aranceles. En otros términos, se abriría una «zona de libre comercio, con un área de 31 países, 720 millones de potenciales consumidores, con un producto bruto interno de 22 billones de dólares».
- Sin embargo, el acuerdo es beneficioso para grandes empresas a un lado y otro del océano (multinacionales e industriales europeas, patronales agrarias del Mercosur), en perjuicio de las clases trabajadoras y el desarrollo de las potencialidades productivas. Implica un aumento del atraso, la dependencia económica y los problemas sociales en la región, así como mayores presiones a incrementar la «competitividad» local a base de abaratar aún más los salarios, flexibilizar el trabajo y aumentar los grados de precarización laboral.
- ¿Por qué las negociaciones se demoraron 26 años? Las negociaciones comenzaron en 1999, pero estuvieron suspendidas de hecho durante unos 14 años: principalmente en los períodos 2002–2010, 2012–2015 y 2020–2022. Las pausas respondieron a diferencias estructurales entre ambas partes, crisis económicas, cambios políticos y, en la etapa más reciente, a supuestas preocupaciones ambientales por parte de Europa (con un trasfondo por los intereses de agricultores europeos).
- El sábado 17 el pacto de coloniaje fue firmado en Paraguay por los cancilleres de Paraguay, Rubén Ramírez Lezcano; de Argentina, Pablo Quirno; de Brasil, Mauro Vieira; y de Uruguay, Mario Lubetkin, y el comisario Europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maros Sefcovic. También estuvieron presentes las máximas autoridades europeas: Ursula von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea) y António Costa (presidente del Consejo Europeo). La representación no fue a nivel de jefes de estado de países miembros individuales de la Unión Europea, sino a través de los titulares de las instituciones.
- En Argentina, tras la firma del acuerdo, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, confirmó que será enviado al Congreso para que se trate en extraordinarias el próximo 2 de febrero.
- Se prevé que las exportaciones de la UE al Mercosur aumenten en un 39%, mientras que las exportaciones del Mercosur a la UE aumentarían en un 17% (48.700 millones de euros y 8.900 millones euros, respectivamente).
- En materia comercial, cabe señalar la enorme desigualdad entre ambos bloques. Mientras que cerca del 70% de las importaciones del Mercosur desde la UE son productos manufacturados de alto valor agregado (como vehículos, maquinaria y productos farmacéuticos), alrededor del 60% de las exportaciones del Mercosur a la UE son productos agrícolas y alimenticios. Esto sugiere que el acuerdo podría aumentar el déficit comercial de países como Argentina y Brasil, beneficiando principalmente a la UE.
- Las multinacionales automotrices y las grandes patronales agrarias serían las principales beneficiarias del acuerdo. Las empresas europeas podrían reducir costos de importación y exportación, mientras que los sectores del agropower verían con buenos ojos la apertura del mercado europeo, razón por la cual se expresa la reticencia de Francia por la desigual capacidad de competir de sus productores agropecuarios.
- Los dos bloques juntos representan cerca del 25% del PBI mundial y el 35% del comercio global.
El tratado entre la UE y el Mercosur no hará más que reforzar la dependencia, afianzando la disciplina del capital global y la capacidad de las multinacionales para ganar posiciones en la economía y abriendo la puerta a más acuerdos de características similares.
Desde la clase trabajadora y el pueblo pobre debemos advertir sobre sus consecuencias y rechazar este nuevo pacto de coloniaje, construyendo una fuerza social tal que permita romper el círculo vicioso del dominio imperialista, partiendo por rechazar la injerencia de Trump en América Latina, el imperialismo europeo o la injerencia de China.
Para ello es necesario transformar la economía desde las bases, en función de las necesidades sociales largamente postergadas y no del lucro capitalista. La integración debe ser la vía para alcanzar un verdadero bienestar, es decir la unidad socialista, empezando por América Latina y con la perspectiva de un mundo verdaderamente sin fronteras, ni para los bienes ni para las personas.
Te puede interesar: Las promesas incumplibles del libre comercio
Te puede interesar: Las promesas incumplibles del libre comercio
