El Monumental, que en los últimos años solo era noticia por sus remodelaciones y su nueva condición de estadio moderno y majestuoso, ahora lo será por el clima hostil. River –el plantel, la dirigencia y sobre todo Marcello Gallardo– tienen algo de suerte en ese sentido: el próximo partido de local será recién el 25 de febrero, y antes el equipo se medirá contra Ciudad Bolívar por la Copa Argentina en San Luis, y luego visitará a Vélez en Liniers. Recién después de eso volverá a Núñez: puede ser con la crisis agudizada hasta límites inimaginables (los partidos de Copa Argentina suelen ser traumáticos para los grandes) o con un alivio por triunfos que hagan olvidar este principio de febrero traumático: empate contra Central en Rosario, goleada humillante ante Tigre en el Monumental y una nueva derrota contra Argentinos en La Paternal, con el capitán del barco echado en el primer tiempo y ahora con posibilidades de no dirigir por varios partidos: la pelea con Andrés Merlos estuvo cerca de ser a las piñas, luego de que el árbitro le dijera a Gallardo: “Mala persona sos vos que lo hiciste echar a Demichelis”.
Postales. La imagen de Gallardo retirándose de la cancha de Argentinos por una expulsión es la síntesis de este presente. El Muñeco, que alguna vez fue el arquitecto de un River todopoderoso, hoy luce desbordado por un plantel que no termina de asimilar su nueva (o vieja) impronta. La mística parece ser solo un recuerdo.
Los insultos y silbidos que bajaron de las tribunas en el último encuentro en el Monumental más la pálida imagen que dejó el equipo el jueves en La Paternal empiezan a golpear no solo al técnico sino también a los jugadores. En la dirigencia la tensión empieza a crecer como nunca había crecido en todo este ciclo que comenzó Rodolfo D’Onofrio, lo siguió Jorge Brito y ahora lo continúa Stefano Di Carlo.
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La crisis no es solo de liderazgo. Es un problema principalmente futbolístico que se explica por el bajo nivel de jugadores de jerarquía. Marcos Acuña acaso es el emblema de ese bajón. Existe además una desconexión entre la jerarquía que sugiere el mercado de pases y la realidad en la cancha. Una vez más, River compra nombres pero no encuentra hombres para las paradas difíciles. La falta de un patrón de juego claro ha convertido al equipo en un híbrido: por momentos intenta la presión asfixiante de antaño, pero termina siendo una formación anémica, vulnerable al contraataque de cualquier rival ordenado.
La actitud y la reacción anímica son también otra cuestión a resolver. Contra Argentinos, River sumó su segunda derrota consecutiva en lo que va del Torneo Apertura 2026 y acrecentó la crisis que arrastra desde 2024: cada vez que comenzó en desventaja en sus últimos diez partidos, terminó perdiendo, mientras que, además, apenas igualó cinco de los 18 encuentros en los que recibió el primer gol.
La última vez que pudo dar vuelta un partido fue el miércoles 6 de noviembre de 2024, por la fecha 21 de la Liga Profesional, justamente en el inicio del segundo ciclo de Gallardo.
El rival aquella vez fue Instituto de Córdoba, que comenzó ganando, pero el Millonario lo dio vuelta con goles de Pablo Solari y Paulo Díaz, para, luego de que la Gloria pusiera el 2-2 parcial, finalmente ganarlo con el tanto de Facundo Colidio.
Posteriormente a dicho encuentro, estuvo en desventaja en 18 partidos y en ninguno logró revertir el resultado. A su vez, las últimas diez veces se fue derrotado y en apenas cinco pudo igualar, de los cuales uno terminó en derrota por penales.
