El investigador del CONICET y especialista en comunicación disertará este viernes en la UNNE sobre la plataformización de las industrias culturales y el control de los contenidos.
El especialista en medios de comunicación e industrias culturales Martín Becerra participó en el streaming AsAECA en vivo, en el marco del X Congreso Internacional de Cine y Audiovisual, donde analizó cómo la plataformización redefine la producción, la circulación y el control de los contenidos. La conferencia “Plataformización de las industrias culturales: ¿quién tiene el control?” se brindará este viernes a las 12.30 horas en la Facultad de Artes de la UNNE (Av. Castelli 1300, Resistencia).
Con una trayectoria centrada en el estudio de la concentración mediática, las telecomunicaciones y las transformaciones del sistema informativo, Becerra propone pensar la “plataformización” como una etapa que reconfigura las relaciones de poder en la comunicación a escala global.
—La conferencia va a abordar la plataformización de las industrias culturales y quién tiene el control. ¿Podrías adelantarnos de qué se va a tratar?
—Voy a tratar de describir el panorama de cambios tecnológicos que atraviesan las industrias culturales, que en las últimas décadas han sido muy acelerados y están profundamente ligados a la digitalización de todos los procesos de producción, circulación y consumo. Ahora bien, la intención no es quedarme solamente en esa descripción, sino problematizar esos cambios. Es decir, entender que no son neutros: no se trata únicamente de tecnología, sino también de transformaciones políticas, sociales y económicas que reorganizan el funcionamiento del sector.
—¿En qué sentido pensás esa problematización?
—En que cada innovación tecnológica reconfigura relaciones de poder. No sólo modifica herramientas, sino también quién decide, quién produce, quién distribuye y quién se apropia de los ingresos. En ese proceso cambia el rol de todos los trabajadores creativos, desde periodistas hasta realizadores audiovisuales o músicos. Y muchas veces estos cambios se presentan como inevitables o naturales, cuando en realidad responden a intereses concretos.
—Hoy suele hablarse de mayor autonomía en la producción de contenidos.
—Sí, hay un imaginario muy fuerte de autonomía: la idea de que cualquiera puede producir contenidos, ser su propio jefe, manejar sus tiempos. Y es cierto que el acceso a la tecnología se ha abaratado muchísimo. Hoy podés grabar y editar con un teléfono algo que antes requería un estudio completo. Pero esa autonomía es relativa, porque convive con nuevas formas de dependencia. Por un lado, en la carga laboral: producir contenidos hoy implica hacer muchas tareas que antes estaban distribuidas. Pero sobre todo aparece en la relación con las plataformas, que son las que concentran la circulación masiva. Ahí hay una relación muy desigual, porque quienes producen contenidos dependen de sistemas que no controlan y que, sin embargo, determinan su visibilidad y sus ingresos.
—Desde la práctica cotidiana también aparece esa tensión.
—Claro. Hoy quienes trabajan en comunicación tienen que adaptarse a un ecosistema donde no alcanza con una sola habilidad. Tenés que producir, editar, difundir, gestionar redes, construir una marca personal. Incluso cuando no querés hacerlo, el sistema te empuja a eso. Y eso no es menor, porque transforma las condiciones de trabajo y también la identidad profesional.
—¿Qué rol juegan las plataformas en ese esquema?
—Un rol estructural. Las plataformas no son simplemente intermediarias: organizan la circulación de los contenidos. A través de algoritmos definen qué se ve, qué se jerarquiza y qué queda invisibilizado. Y lo hacen con criterios que no son transparentes y que responden a sus propios intereses económicos.
—¿Podés dar un ejemplo concreto de esa lógica?
—Sí. Un medio, un periodista o una productora puede organizar toda su estrategia en función de ciertos criterios que funcionan en un momento. Pero después, plataformas como Google o Meta, cambian las reglas del juego y ese contenido pierde visibilidad. Esto no es una hipótesis; ha ocurrido muchas veces en los últimos años, con medios que perdieron gran parte de su tráfico de un día para otro.
—Entonces la plataforma define en gran medida la circulación.
—Exactamente. Y eso condiciona todo el proceso productivo. Porque no sólo define qué se ve, sino también cómo se produce. Muchos contenidos se piensan directamente en función de esas lógicas: cómo titular, cómo estructurar una nota, cómo adaptarla a formatos audiovisuales o breves para tener más alcance. Implica asumir una relación muy asimétrica. Si le cedés tu archivo a plataformas como YouTube o Spotify, tenés que saber que las reglas de juego están fuera de tu control.
