La deuda pública superó los 483.830 millones de dólares a marzo de 2026, con un incremento del 30% desde diciembre de 2023. Los compromisos de corto plazo pasaron del 3,5% al 14% del total, mientras los dólares que ingresan por financiamiento externo se canalizan principalmente hacia la fuga de capitales y pagos financieros.
La deuda pública volvió a marcar un récord y superó los 483.830 millones de dólares a marzo de 2026, lo que implica un incremento cercano al 30% desde diciembre de 2023, según datos oficiales del balance cambiario del Banco Central. A pesar del discurso oficial que insiste en que la deuda no creció, los registros muestran un ingreso significativo de dólares por deuda externa que no se tradujo en acumulación de reservas ni en fortalecimiento de la economía real.
Desde diciembre de 2023 ingresaron 47.000 millones de dólares netos en concepto de deuda externa, incluyendo desembolsos de organismos internacionales, el Fondo Monetario Internacional y préstamos financieros. Sin embargo, en paralelo se registró una fuerte salida de divisas: la formación de activos externos alcanzó los 36.000 millones de dólares, un proceso que se intensificó tras la flexibilización de las restricciones cambiarias en abril de 2025. A esto se suman los pagos de intereses de la deuda y la reciente habilitación de la remisión de utilidades al exterior.
El economista Martín Burgos, director de la consultora Lado B, explicó que “el Gobierno afirma que no tomó deuda, pero los datos muestran que sí hubo ingreso de financiamiento externo, que se utilizó principalmente para cubrir compromisos financieros y fuga de capitales”. El resultado es un circuito en el que el endeudamiento financia la salida de divisas, reproduciendo un esquema ya conocido en la economía argentina.
Las reservas internacionales muestran una evolución acotada a pesar del buen desempeño exportador. La diferencia entre depósitos en dólares y reservas se mantiene por debajo de los 8.000 millones de dólares, similar al nivel de 2023, evidenciando la dificultad estructural para acumular divisas genuinas. Los depósitos en dólares, impulsados por el blanqueo de 2024 que aportó más de 20.000 millones de dólares, crecieron hasta ubicarse en torno a los 38.000 millones de dólares tras la flexibilización cambiaria, pero ese aumento fue de aproximadamente 10.000 millones, muy por debajo de los 36.000 millones canalizados hacia la formación de activos externos.
La composición de la deuda también experimentó un cambio relevante: los compromisos de corto plazo pasaron del 3,5% del total en diciembre de 2023 al 14% en marzo de 2026, lo que implica una fuerte concentración de vencimientos en el corto plazo y un aumento del riesgo de refinanciamiento. En este marco, la economía se sostiene sobre un esquema en el que la deuda crece mientras los dólares se fugan, sin lograr consolidar una base sólida de reservas ni reducir la vulnerabilidad externa.
