A pesar de la reducción de encajes dispuesta por el BCRA, los préstamos personales siguen cerca del 65% y la mora en hogares alcanza niveles récord desde 2004.
La estrategia del Gobierno para reactivar el crédito enfrenta dificultades. En el último mes y medio, el Banco Central redujo en dos oportunidades los encajes sobre los depósitos privados a la vista, con el objetivo de liberar liquidez y fomentar préstamos al sector privado. Sin embargo, el resultado fue distinto al esperado: las tasas que pagan los plazos fijos cayeron rápidamente, pero las que cobran los créditos al consumo apenas se movieron.
La tasa Tamar, que se paga a los depósitos mayoristas, bajó del 35% en enero al 22,5% actual. En contraste, los créditos personales pasaron de 68% a 65,5%, una reducción mínima que no implica un abaratamiento real. Según Matías Rajnerman, economista jefe del Banco Provincia, “la flexibilización de la política de encajes se está traduciendo en una baja de las tasas pasivas, pero no en un abaratamiento de los créditos”.
La consultora 1816 señaló que en abril los préstamos en pesos al sector privado cayeron por cuarto mes consecutivo en términos reales. La morosidad en el crédito a hogares alcanzó el 11,5% en marzo, el nivel más alto desde 2004, tras multiplicarse por casi cinco desde octubre de 2024. Ante este deterioro, los bancos tradicionales endurecieron los criterios de otorgamiento y redujeron límites crediticios.
En el segmento no regulado, como billeteras virtuales, la mora trepó al 30,1% en marzo. La incertidumbre sobre la trayectoria de las tasas también complica el panorama. En lugar de prestar al sector privado, los bancos canalizaron los fondos liberados hacia el Tesoro: desde mediados de marzo, el Ministerio de Economía captó $5,5 billones netos en licitaciones.
El crédito en dólares, en cambio, creció vía obligaciones negociables, pero este beneficio se limita a empresas con acceso al mercado de capitales, no a las familias que necesitan financiamiento en pesos. La reactivación del consumo a través del crédito sigue siendo una meta no concretada.
