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En menos de un mes fallecieron cinco excombatientes correntinos de Malvinas

Entre abril y principios de mayo, cinco veteranos de la Guerra de Malvinas murieron en distintas localidades de Corrientes, reavivando el debate sobre las secuelas de la posguerra.

Entre abril y principios de mayo fallecieron cinco exsoldados de Malvinas de distintos puntos de Corrientes. Roque Zabala, Alfredo Silvero, Jorge Edgardo Romero, Salvador Frías y Ricardo Eduardo Vallejos integran ahora una lista dolorosa para la comunidad malvinera correntina. Historias atravesadas por la guerra, las secuelas físicas y emocionales y una posguerra signada por años de abandono estatal.

El silencio en las formaciones, las banderas argentinas a media asta y los aplausos contenidos volvieron a repetirse en Corrientes durante las últimas semanas. En menos de un mes, cinco excombatientes correntinos de la Guerra de Malvinas fallecieron en distintas localidades de la provincia, dejando detrás no solo historias personales atravesadas por el conflicto bélico de 1982, sino también el peso de una posguerra que durante años estuvo marcada por la ausencia de contención estatal, sanitaria, psicológica y laboral.

Roque Zabala, Alfredo Silvero, Jorge Edgardo Romero, Salvador Frías y Ricardo Eduardo Vallejos integran ahora una lista dolorosa para la comunidad malvinera correntina. Sus despedidas, muchas de ellas acompañadas por honras oficiales y escoltas especiales, volvieron a poner en escena una realidad que los centros de excombatientes vienen señalando desde hace décadas: las secuelas de la guerra nunca terminaron.

El primero de los fallecimientos ocurrió el 12 de abril, con la muerte de Roque Zabala, histórico dirigente malvinero de Goya. Exsoldado conscripto de Infantería de Marina, Zabala fue uno de los referentes más reconocidos en la lucha de los veteranos correntinos. Integró durante años el Centro de Excombatientes de su ciudad y ocupó cargos de relevancia dentro de la Coordinadora Provincial de Veteranos. También, estuvo al frente del área de Veteranos de Guerra del PAMI en Goya y coordinó acciones regionales vinculadas a la asistencia de excombatientes. Su figura trascendía lo institucional: era un referente permanente de consulta y acompañamiento para antiguos camaradas.

El 18 de abril falleció Alfredo Silvero, oriundo de Empedrado. Había combatido en Malvinas integrando el Grupo de Artillería 3 de Paso de los Libres. Apenas unos meses antes, en agosto de 2025, había regresado a las islas junto a un contingente de excombatientes correntinos, viaje concretado con apoyo del Gobierno provincial. Allí, brindó uno de los testimonios más conmovedores de aquella experiencia. “Mi jefe era Martín Balza, estaba con nosotros luchando. Cuando tiraba un cañonazo lanzaba un sapukái”, recordó. También habló del miedo, de los compañeros muertos y de la juventud con la que enfrentaron la guerra. “Éramos jovencitos, pero gracias a Dios hoy puedo volver después de cuarenta y tres años”, expresó entonces.

El 21 de abril murió Jorge Edgardo Romero, excombatiente de Bella Vista. Su despedida estuvo acompañada por una ceremonia especial encabezada por el Gobierno provincial. Desde la sala velatoria hasta el cementerio local, el cortejo fue escoltado por efectivos del cuerpo de Cazadores Correntinos, en un homenaje que Corrientes sostiene como política pública y que la convierte en la única provincia argentina que realiza este tipo de honras oficiales para veteranos fallecidos. El operativo fue coordinado por el Ministerio de Seguridad, a través de la Dirección Malvinas Argentinas.

La seguidilla continuó el 4 de mayo con el fallecimiento de Salvador Frías, oriundo de San Luis del Palmar. Había participado de la guerra integrando la Compañía Sanidad 3 de Curuzú Cuatiá. Tres días después, el 7 de mayo, murió Ricardo Eduardo Vallejos, excombatiente capitalino que combatió en Malvinas como Infante de Marina.

Detrás de cada nombre aparece una historia común. Muchos exsoldados correntinos arrastraron por años secuelas físicas y psicológicas de la guerra. Las primeras décadas de posguerra estuvieron atravesadas por el abandono, la falta de asistencia profesional y las dificultades para reinsertarse laboralmente. Recién con los años comenzaron a haber políticas públicas de reconocimiento y acompañamiento. Hoy, cada despedida vuelve a reunir a compañeros de combate, familiares y comunidades enteras. Y cada homenaje funciona también como recordatorio de una generación que volvió de la guerra demasiado joven y pasó buena parte de su vida intentando sanar heridas invisibles.

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